Untar los dedos en la llaga
con tanta ternura
como para que el dolor se vuelva lujuria.
Invocar la desolación
cuando la belleza paraliza
los intentos de fuga.
-El bosque no es una metáfora
que encierre en un mismo espacio
al hombre y sus pesadillas-
Queríamos ser como ellos
desnudos y silenciosos;
sorbiendo té en una terraza
calculando las dimensiones
de un bonito escote mediterráneo
y la posibilidad de pasar la noche
emboscados en un pozo de aceitunas.
Cantaba para ti esta canción
cuando me convencí que nadie
nos estaba observando.
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